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De varitas y cayados

Debo confesarme con ustedes, me gusta mucho la fantasía, que si la magia, y los poderes, las pociones, hechizos y contra hechizos, brujas, magos y todo lo que se me pueda estar escapando que sea de ese estilo. Desde pequeño me gusta, es como manifestar esa creencia que hay algo de especial en nosotros, unos más, otros menos, ese atractivo por lo sobrenatural, y así como yo, sé que hay muchos más. Pero, me diferencio de los demás en algo (sin ánimos de juzgar, pues ni soy quien para hacerlo ni es la intención de este blog): no soy fanático. Estoy claro en que es algo que me gusta, que me distrae la mente, pero más claro estoy en que es algo irreal. Y ocurre que muchas personas centran su vida y se entregan en esta ficción, en el creer que con una varita mágica se soluciona todo, un par de palabras dichas en forma de conjuro y se soluciona todo, o tener una pócima para devolver la vida, o con una movida particular de muñeca se pueden hacer cosas "mágicas". Hay quien vive en...

No negociable

Hay cosas en la vida que no se pueden negociar, otras sí se pueden, y otras tantas que no se deben negociar pero hay quien lo hace. De una u otra forma todos hemos aprendido lo que son los valores, así como hemos recibido una educación bien sea en casa o en el colegio. Y si no ha sido en la casa ni en la escuela, entonces ha sido la calle la que nos ha enseñado las cosas, tanto las buenas como las malas. Me atrevo a decir que todos hemos escuchado de nuestros padres la célebre frase "estudia, que esa será la única herencia que te dejaré" y, hablando de cosas que realmente importan, esto es cierto, puesto que son los valores que hemos aprendido los que nos acompañarán toda la vida. Esos que se adherirán a nosotros y nos definirán como personas donde sea que nos paremos.  En el mundo hay muchas cosas con las que se pueden hacer negocios, bienes materiales, objetos de valor...pero lo único con lo que no podemos negociar es con nuestros valores, por lo dicho en el párraf...

Dualidad

El mundo está lleno de dualidades: sol y luna, día y noche, calor y frío, montañas y depresiones; números pares e impares, arriba y abajo, derecha e izquierda; hombre y mujer, bien y mal…sólo por mencionar algunas, y ésta última le da pie a este post. Todas estas dualidades no sólo están fuera de los hombres, allá en el mundo, al contrario, la mayor dualidad está dentro del mismo ser humano: el bien y el mal. Todos estamos inclinados hacia el bien y hacia el mal, y depende de cada uno hacia cuál lado irnos; pudiera decir también que somos como una balanza y nos inclinamos según el peso que le demos a las cosas. Por naturaleza las personas somos buenas, somos criaturas de Dios, y como tal, fuimos hechos para el bien. Creados a imagen de Dios mismo (cf Gn 1, 27) no podemos hacer algo distinto a obras buenas, pero por la desobediencia de los primeros padres (cf Gn 3, 1-19) entró el mal a nuestras vidas, y con él empezó esta dualidad. Esta inclinación al mal se nutre de nuestr...

Del uso de las mayúsculas

En la escuela me enseñaron ortografía, con ella aprendí que se escribe con mayúsculas cuando se comienza un párrafo, después de un punto y cuando son nombres propios (de personas, de lugares…). Esto que me atrevo a llamar  ortografía humana no me enseñó cómo escribir para ese ser superior a mí que llamo Dios, esta, me atrevo a llamarla ortografía cristiana y es el motivo de este post. Se distinguen estas ortografías en que para una nos referimos a “él” y en la otra es “Él”, o que escribo para “Ti” en vez de para “ti”, o que no eres “tú” sino “Tú”; por mencionar algunos ejemplos. Para mí, la mayúscula hace en énfasis en que no escribo para “dios” sino para “Dios”. Cuando me encuentro con que la gente escribe “dios” me molesta eso, y podrán pensar que soy maniático o exagerado, y algunos hasta dirán que da lo mismo la forma en que se escriba pero para mí no es así, de cierta forma creo que con la escritura ya estamos alabando a Dios, es una forma de poner en texto lo que n...

Hablemos de fe II

Una vez que sabemos que tener fe es creer, sin explicaciones, simplemente el hecho de creer y ya, podemos preguntarnos ahora ¿y mi fe será siempre igual? Pues no, tu fe no será siempre igual, crecerá, disminuirá, la perderás, la recuperarás, cada día será mayor que el anterior…todo depende de ti, de lo que hagas por tu fe, desde tu fe, y con tu fe. De eso quiero hablarte hoy. Cuando buscamos ejemplos bíblicos sobre la fe tenemos los que yo llamo “los clásicos”: Abraham y María. Para mí, ellos dos son los ejemplos más grandes de fe que conozco. Abraham, hombre anciano y sin hijos, su esposa, anciana también; un día se le aparece un ángel a este hombre y le trae un mensaje de lo Alto: para demostrarle que no hay imposibles para Dios, Sara queda embarazada, a pesar de su ancianidad, y porque ha creído, Dios le promete una descendencia numerosa como las estrellas del cielo. En el caso de María, también hay un hijo de por medio, pero esta vez no se trata de una anciana y su esp...

Creo

Hablando con un amigo hace unos días, caí en cuenta de algo: usamos mucho la palabra “creo” en nuestro día a día y no con el significado que tiene. Y sobre esto quiero escribir, sobre lo que realmente significa “creer”. Antes de decir qué es, intentaré decir qué no es. No es sinónimo de “me parece”, “yo pienso”, “en mi opinión” ni nada de eso que lleva de trasfondo una duda. Y precisamente este es el uso que le damos, un sentido dubitativo; otras veces, para indicar una opinión personal, no una realidad. Alguno pudiera decirme que la verdad absoluta no existe, que cada quien tiene su propia verdad (por aquello que cada uno percibe una parte de esa verdad y no la verdad en su totalidad), pero yo les refuto esto, puesto que en cuanto a Dios, la Verdad es una sola. Según el diccionario, la palabra “creer” significa: ·          Tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado. ·   ...

Eterna juventud

En estos días hablaba con un amigo, bueno, discutíamos por algo, y después de tantas vueltas me dijo lo siguiente: "a vece se me olvida que tu eres joven, y que eres inconforme". Y esto me quedó dando vueltas en la cabeza por varios días, tanto así que me inspiró a escribir esto. Una, de tantas, características de la juventud es la inconformidad. El no estar de acuerdo con las cosas como se hacen y el por qué se hacen así. El joven es no está de acuerdo con nada, todo lo pelea, lo discute, y es difícil de convencer. Por eso vemos tantos jóvenes que andan por el mundo solos, o molestos, porque nadie les presta atención ni los escuchan, lo que hacen es pelearles el que pelean, regañarlos, castigarlos, excluirlos, pero no les explican el por qué de las cosas. Aquí haré un intento de rescatar el ser inconformes como algo bueno. Por el Bautismo somos sacerdotes, profetas y reyes, pero es en la dimensión profética que me voy a basar para escribir en esta oportunidad. El pr...